domingo 15 de enero de 2012

MEMORIAS DE UN NIÑO LEÍDO
















Verano en la campiña. La cocina
a través de una puerta se abre al campo.
Trajinaban en ella las mujeres.
Y por aquella puerta yo salía
al huerto, y arrancaba de la mata
un tomate al que daba algún mordisco.
Escogía algún fruto bien maduro
del árbol, con pericia de un experto.
Agotado del juego matutino
a comer me llamaban, y el gazpacho
embaulaba y algún plato riquísimo.
Luego a dormir la siesta. Por la tarde,
en un sillón de mimbre me sentaba
bajo las buganvilias del jardín.
Y pensaba qué triste era mi vida.

2 comentarios:

  1. Espléndido poema, en particular la melancólica ironía del último verso. Mil gracias de este lector (y, seguro, de muchísimos más) por hacer menos triste nuestra vida.

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